jueves, 29 de octubre de 2009

No me olvido...

Tres chasquidos en sus zapatos y de nuevo volvió al mundo de Oz; allí las malvadas brujas no la alcanzarían. Dorothy tardó mucho tiempo en regresar y todo era distinto. Miró a su alrededor y no pudo evitar sonreír. Ahora el camino de baldosas era de un tono azulado, casi violeta, y las margaritas escarchaban un dulce azúcar vainillado.
Escuchó un ronroneo sordo y algo salió de entre los girasoles; la figura felina de Totó buscaba cobijo y de un salto acurrucó su pelaje entre sus brazos. Hasta él había cambiado. Sin duda no era el cuento que ella recordaba ni el final que tenía pensado. Kansas podía esperar.

Aunque el final que propone la tira tampoco está mal.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Teoría práctica...


¿Qué hay que temer en una mujer? 


Su beso... 


(y supe que por siempre me devoraría aquella huella)

martes, 27 de octubre de 2009

Cruzando espejos...

Se le antojó Venus. Decía que algún día llegaría a conquistarla aunque le costara siete vidas y una más, que lo primero que haría sería buscar un contador de estrellas que soñara el difícil camino y lo dibujara en la cara oculta de la luna; sólo estaba a un paso, una vez más. Lástima que los barrotes metálicos de su celda le impidieran desplegar las alas y salir volando.

sábado, 24 de octubre de 2009

Lost in traslation...


Pienso que tal vez su viaje no fue lo que esperaba, su retorno supuso algo más que dejar unas cuántas huellas marcadas en el asfalto. Se debate entre la melancolía, las lagrimas espontaneas que la disfrazan de tontorrona sensiblera, la sensación de pérdida y las horas que tal vez falten para un nuevo reencuentro. No bastan imágenes guardadas en su memoria a las que recurrir cuándo la luz es más tenue y su centelleo le hace recordar de nuevo... su respiración se entrecorta y de nuevo echa en falta algo.
No duda en ladear su cabeza y dejarse llevar por ese espíritu traicionero que la despega del suelo y la traslada volando a lo más alto del corazón, a ese lugar sagrado que descubrió y en el que tanto pudo soñar. En sus retinas, armonía de colores dibujando sus sonidos y en los labios, el amargo sabor de la despedida. Y es que al parecer Cenicienta caminó demasiado; tal vez volvió a perder alguno de sus zapatos.

Entreabierto...

Si doy otra vuelta más de tuerca, el engranaje acabará por saltar en pedazos; este reloj nuca estuvo en la hora correcta, tal vez por eso siempre llego tarde a todas partes. Me molesta su tic-tac en ocasiones -sobre todo cuándo menos lo espero-, aunque lo que peor llevo es cuándo llega a apretar y duele; el mal de aguja minutera, por llamarlo de alguna manera.
Sigue rodando a su antojo, haciendo que la espera sea más larga de lo debida o incluso llegando a engañarme en ocasiones. Debería aprender a no fiarme tanto de él aunque sé que siempre vela por mi puntualidad y sus intenciones no son tan malas -o eso quiero creer yo-. Recuerdo en ocasiones las tardanzas, las prisas, los retrasos... las paradas, esas sí que siempre me han maltrecho. Un reloj parado no sirve para nada si no hay pila que de vida a su motor y haga que sus ruedas giren de nuevo haciendo que su existencia tenga sentido. A veces sólo siento que sigue conmigo simplemente porque sus correas lo mantienen atado a mi, como siempre han hecho.
No espero campanadas resonando en mis oídos continuamente, me conformo con saber que la hora que marca es la correcta siempre y cuándo le aplique el arreglo pertinente; tal vez sea sólo cuestión de girar la rueda las vueltas necesarias para ver todo con claridad. De cualquier modo, el reloj sigue estando en su sitio, andando mal, pero vivo... al menos de momento. ^^

viernes, 23 de octubre de 2009

Ego...


En la lentitud de mis movimientos tal vez se intuyan mis intenciones; es fácil verme venir cuándo tienes tiempo suficiente para mirarme y descubrir la transparencia con la que ando.

Sólo falta esperar cuándo decidiré echar un rato el freno de mano.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Pa'fuera telarañas...

Al mirarme en el espejo sólo veo las ojeras marcadas del pasado, las arrugas de tiempos mejores y el progresivo suicidio de recuerdos que ya nunca volverán; la edad siempre es el desgaste de la memoria. Es una gran putada, lo sé.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Bajo las farolas de ciudad esmeralda...


La imagino recorriendo sus calles adoquinadas, evitando tropezar con los bordillos para no clavar sus rodillas en la humedad de sus aceras. Recordé que compró unos zapatos nuevos para la ocasión, resignada a sufrir el calvario de los tacones pero con la firme convicción de hacerlos sonar tras sus pasos. Y eso que nunca le gustó dejar huella por dónde pasaba.
Bajo una noche estrellada y envuelta en capas de algodón, imaginará que las luces iluminan el camino que ha de seguir hasta llegar a la más alta, aquella que sin inclinarse la observa desde el cielo. Mirará hacia arriba con la esperanza de verla sonreír y, así, poder reír también con ella. Los caballeros la saludarán a su paso y las señoritas envidiaran su presencia; hizo bien en elegir aquellos tacones, aunque todavía siguen doliendo.
Imagino que paseará por los campos asfaltados de la ciudad, que por estas fechas, habrán vestido el suelo con el marrón de sus hojas secas. Corre y no se cansa; a cada nuevo giro de cabeza sus ojos tropiezan con la belleza, piedras del pasado que inertes sobreviven al presente. Bajará su mirada, escuchará los sonidos y dejará que sus canciones la envuelvan en ese halo mágico que sólo tiene ese lugar. Mientras tanto sus pies cansados pedirán una tregua, razón de más para que el cielo siga llorando -aunque no siempre-.
Pasa y repasa; quiere recordarlo todo y no olvidar nada. La frescura del gentío cosmopolita impregnará su piel y disfrutará con la sensación de haber vivido su momento. Y por qué no, también podría imaginar que a su regreso sus ojos, tal vez también sus manos, brillen colmados con la luz de un corazón comprometido.