Filtraciones esporádicas...
...porque a veces se escapan sin querer.
martes, 10 de abril de 2012
Puesta en escena...
miércoles, 4 de abril de 2012
Promesa...
viernes, 23 de marzo de 2012
Tiempo de helados...
martes, 20 de marzo de 2012
Closer...
martes, 6 de marzo de 2012
Flaco...
miércoles, 29 de febrero de 2012
La tristeza...
viernes, 24 de febrero de 2012
Incité al miedo...
jueves, 23 de febrero de 2012
El escuchante...
martes, 21 de febrero de 2012
Luces rojas...
martes, 14 de febrero de 2012
San Valentín y tres cuartos...
lunes, 13 de febrero de 2012
Whitney...
miércoles, 8 de febrero de 2012
Simétricos...
martes, 7 de febrero de 2012
Explosiva...
Maravillas...
jueves, 15 de diciembre de 2011
Sin escape...
Mínimo...
Talión...
domingo, 19 de junio de 2011
La mujer bala...
martes, 26 de abril de 2011
Medidas desesperadas...
viernes, 22 de abril de 2011
Aunque sólo sea unos segundos...
miércoles, 30 de marzo de 2011
Aires arrabaleros...
martes, 15 de marzo de 2011
Crepúsculo...
viernes, 18 de febrero de 2011
Éxtasis...
jueves, 25 de noviembre de 2010
Bajo el paraguas...
lunes, 22 de noviembre de 2010
El baile de la victoria...
lunes, 15 de noviembre de 2010
No es más que un trámite administrativo...
viernes, 1 de octubre de 2010
Cero...
miércoles, 22 de septiembre de 2010
Alas...
sábado, 18 de septiembre de 2010
Secreto...
- Me gustaría que lo hicieras.
- Pero no sé si debo hacerlo, ¿qué pensaría tu novia si nos pillara?
- Seguramente se disgustaría... pero descuida, llegará tarde; se fue de compras con tu mujer.
miércoles, 25 de agosto de 2010
Polvo en el viento...
lunes, 23 de agosto de 2010
Mi galleta perfecta...
Confesiones cíclicas...
Voz en off...
sábado, 21 de agosto de 2010
Jazmínes para mi amor...
martes, 17 de agosto de 2010
Photofinish...
lunes, 9 de agosto de 2010
Pastel, cava y rock'n roll...
Metamorfosis...
jueves, 5 de agosto de 2010
Entre flores...
miércoles, 4 de agosto de 2010
Fugaz...
Texto resubido
martes, 3 de agosto de 2010
Primavera....
Texto resubido
viernes, 30 de julio de 2010
Bocados de corazón...
Involución...
Utopía...
jueves, 29 de julio de 2010
Peter, ¿ya cojeas?
lunes, 19 de julio de 2010
Cazador cazado...
lunes, 5 de julio de 2010
Despedida de soltero...
jueves, 1 de julio de 2010
Polos de limón...
jueves, 24 de junio de 2010
San Juan...
sábado, 19 de junio de 2010
Último brindis...
jueves, 17 de junio de 2010
Nubes rosas...
y continuas danzando en mi azotea.
Varios metros bajo tierra, lejos, y tu
murmullo sigue resquebrajando mi
consciencia. Mutilas con indiferencia
la parte que me falta y transmutas en
gata silenciosa, me arañas la espalda.
Te dibujo con líneas fluorescentes,
es más fácil encontrarte con los ojos
negros deslizando entre sueños; realidad
alternativa, remedio casero para evitar
el dolor verdadero. Música y luces de
colores a tu alrededor, sigo en la sombra,
tú bailando...
martes, 15 de junio de 2010
Delicious...
sábado, 12 de junio de 2010
Mal jugar...
lo pienso medio segundo y no vale la pena.
Y deslizas los ojos al aire abanicando en negro,
tus pestañas no muestran tu mirada verdadera;
lloras y siquiera se te corre el rimel.
Sigue fingiendo tus mentiras;
has empleado bien las horas de teatro amateur.
¿Acaso esperas algo más de mí? Llévate la piel
en la maleta, es lo único que me has dejado, amor.
Sigue lanzando los dardos y espera una diana,
tal vez otro ciego te vea mejor.
miércoles, 9 de junio de 2010
Verano...
viernes, 4 de junio de 2010
Lunático...
miércoles, 26 de mayo de 2010
Radiante...
lunes, 24 de mayo de 2010
De viento...
sábado, 15 de mayo de 2010
La historia más fantástica...
sábado, 27 de marzo de 2010
Viernes noche...
sábado, 13 de febrero de 2010
La peor maravilla...
jueves, 26 de noviembre de 2009
En sus zapatos...
jueves, 19 de noviembre de 2009
Asfalto mojado...
Sus ojos pestañearon y a continuación un cielo gris lloraba sobre sus hombros. Como papel mojado su cuerpo iba transformando su solidez; se iba diluyendo en los charcos que a su alrededor se formaban. Como una muñeca rota. El mundo se deshacía en cada suspiro que exhalaba y apenas un pulso débil la conectaba con la vida. Inmóvil sobre su lecho de asfalto contaba los pies de quienes se acercaban hasta su orilla; eran ojos ajenos los que miraron sus pupilas empapadas... una sonrisa tranquilizadora... una punzada en la espalda...luces claras... la oscuridad. Antes de dejarse llevar por el sueño pudo escuchar trompetas celestiales en sus oídos. Tal vez la ambulancia.martes, 17 de noviembre de 2009
Paso de cebra...
Veía gente de todo tipo tales como un repartidor con algo de prisa, un par de señoras con una animada conversación, adolescentes hablando entre risas, una pareja enamorada que disfrutaba dándose besos, un chico escuchando música con su reproductor de mp3... Martina embragó la primera marcha, soltó el pedal del freno y aceleró bruscamente. Como resultado de aquella acción, Martina atropelló a varias personas provocando víctimas con lesiones de todo tipo desde simples conmociones a roturas óseas; por suerte no hubo muertes. Diez minutos después, la policía se personó en el lugar del accidente para tratar de esclarecer las razones de su negligencia. Martina no tuvo intención de darse a la fuga ni hacer ninguna acción evasiva que la librara de su culpa. Esperó a la policía sentada en su vehículo, fumando un cigarrillo,escuchando música y mirando su reloj; llegaba tarde a su cita ginecológica.
Luces de ambulancia, barullo de curiosos que intentaban averiguar que había pasado, Martina esposada entrando en el coche de la policía y un reguero de víctimas que dejaba tras de ella mientras era conducida hasta la comisaría donde le tendrían que tomar declaración.
-Señora Morillo, ¿es usted consciente de la gravedad de sus actos?
-Señor agente... estoy muy arrepentida por todo lo ocurrido. En ningún momento he querido atropellar a esa gente pero... es que tardé en reconocer a mi marido y su secretaria.
sábado, 14 de noviembre de 2009
jueves, 29 de octubre de 2009
No me olvido...
Tres chasquidos en sus zapatos y de nuevo volvió al mundo de Oz; allí las malvadas brujas no la alcanzarían. Dorothy tardó mucho tiempo en regresar y todo era distinto. Miró a su alrededor y no pudo evitar sonreír. Ahora el camino de baldosas era de un tono azulado, casi violeta, y las margaritas escarchaban un dulce azúcar vainillado. Escuchó un ronroneo sordo y algo salió de entre los girasoles; la figura felina de Totó buscaba cobijo y de un salto acurrucó su pelaje entre sus brazos. Hasta él había cambiado. Sin duda no era el cuento que ella recordaba ni el final que tenía pensado. Kansas podía esperar.
Aunque el final que propone la tira tampoco está mal.
miércoles, 28 de octubre de 2009
Teoría práctica...
Su beso...
(y supe que por siempre me devoraría aquella huella)
martes, 27 de octubre de 2009
Cruzando espejos...
Se le antojó Venus. Decía que algún día llegaría a conquistarla aunque le costara siete vidas y una más, que lo primero que haría sería buscar un contador de estrellas que soñara el difícil camino y lo dibujara en la cara oculta de la luna; sólo estaba a un paso, una vez más. Lástima que los barrotes metálicos de su celda le impidieran desplegar las alas y salir volando.
lunes, 26 de octubre de 2009
sábado, 24 de octubre de 2009
Lost in traslation...
Entreabierto...
Si doy otra vuelta más de tuerca, el engranaje acabará por saltar en pedazos; este reloj nuca estuvo en la hora correcta, tal vez por eso siempre llego tarde a todas partes. Me molesta su tic-tac en ocasiones -sobre todo cuándo menos lo espero-, aunque lo que peor llevo es cuándo llega a apretar y duele; el mal de aguja minutera, por llamarlo de alguna manera.Sigue rodando a su antojo, haciendo que la espera sea más larga de lo debida o incluso llegando a engañarme en ocasiones. Debería aprender a no fiarme tanto de él aunque sé que siempre vela por mi puntualidad y sus intenciones no son tan malas -o eso quiero creer yo-. Recuerdo en ocasiones las tardanzas, las prisas, los retrasos... las paradas, esas sí que siempre me han maltrecho. Un reloj parado no sirve para nada si no hay pila que de vida a su motor y haga que sus ruedas giren de nuevo haciendo que su existencia tenga sentido. A veces sólo siento que sigue conmigo simplemente porque sus correas lo mantienen atado a mi, como siempre han hecho.
No espero campanadas resonando en mis oídos continuamente, me conformo con saber que la hora que marca es la correcta siempre y cuándo le aplique el arreglo pertinente; tal vez sea sólo cuestión de girar la rueda las vueltas necesarias para ver todo con claridad. De cualquier modo, el reloj sigue estando en su sitio, andando mal, pero vivo... al menos de momento. ^^
viernes, 23 de octubre de 2009
Ego...
miércoles, 21 de octubre de 2009
Pa'fuera telarañas...
miércoles, 7 de octubre de 2009
Bajo las farolas de ciudad esmeralda...
Bajo una noche estrellada y envuelta en capas de algodón, imaginará que las luces iluminan el camino que ha de seguir hasta llegar a la más alta, aquella que sin inclinarse la observa desde el cielo. Mirará hacia arriba con la esperanza de verla sonreír y, así, poder reír también con ella. Los caballeros la saludarán a su paso y las señoritas envidiaran su presencia; hizo bien en elegir aquellos tacones, aunque todavía siguen doliendo.
Imagino que paseará por los campos asfaltados de la ciudad, que por estas fechas, habrán vestido el suelo con el marrón de sus hojas secas. Corre y no se cansa; a cada nuevo giro de cabeza sus ojos tropiezan con la belleza, piedras del pasado que inertes sobreviven al presente. Bajará su mirada, escuchará los sonidos y dejará que sus canciones la envuelvan en ese halo mágico que sólo tiene ese lugar. Mientras tanto sus pies cansados pedirán una tregua, razón de más para que el cielo siga llorando -aunque no siempre-.
Pasa y repasa; quiere recordarlo todo y no olvidar nada. La frescura del gentío cosmopolita impregnará su piel y disfrutará con la sensación de haber vivido su momento. Y por qué no, también podría imaginar que a su regreso sus ojos, tal vez también sus manos, brillen colmados con la luz de un corazón comprometido.
martes, 15 de septiembre de 2009
La lluvia...
Demasiado tiempo esperando; sentada y sola, Manuela enjuagaba sus lágrimas bajo la lluvia otoñal, aquella que habían pronosticado para aquella tarde y que no quiso creer cayera. No llevaba paraguas que la protegiera de la humedad que la envolvía aunque peor era disimular la tristeza que se derramaba por los surcos que la edad habían formado en su anciana piel. Con la juventud perdida, Manuela -con algo de dificultad- sólo podía clavar su mirada en la dispersa lejanía; la lluvia entorpecía sus cansados ojos a pesar del esfuerzo. Miraba y buscaba aquello que tanto esperaba, encontrando sólo un tumulto de gente que corría intentando guarecerse de la lluvia; cualquier cornisa se transformaba en cuestión de segundos en un improvisado refugio. A pesar de la lluvia, Manuela mantenía su posición sobre aquel banco metálico, ajena a la oscuridad de la noche que minutos antes ya había caído sobre su cabeza mojada. En sus ojos el reflejo de las farolas y en su mente el recuerdo de las horas anteriores a su cita, la cual había estado preparando cuidadosamente y con mucho mimo.
Horas antes Manuela se preparó para la cita como si de la primera vez se tratara. Los nervios se arremolinaban en su cuerpo, sensación que hacía años no experimentaba y que la trasladó a su época de juventud. Como una niña con zapatos nuevos, perfumó su cuerpo con la dificultad que sus manos ancianas podían ofrecer; quería ser la perfecta acompañante y no dudó en vestir sus ropajes más exquisitos, todo cuánto fuera necesario para impresionar a su galán.
Apenas podía recordar cuánto tiempo estaba esperando allí sentada; los minutos volaban mientras imaginaba como sería su reencuentro después de décadas de silencio. Imaginaba que la recibiría con una amplia sonrisa llena de nostalgia, que sus manos amplias rodearían su delicada cintura y que con un beso, adornaría sus sonrojadas mejillas. Todo cuánto deseaba se produciría en las siguientes horas, sólo era cuestión permanecer sentada en aquel espacio y esperar su llegada. La tarde comenzaba a caer, trayendo con ella las primeras gotas de lluvia de un otoño que se antojaba húmedo; Manuela recordó las palabras del meteorólogo de las noticias mientras abrochaba los botones superiores de la chaqueta que la cubría. La lluvia se hizo más intensa y las pocas ramas que anteriormente la guarecían de nada servían ahora ante la rudeza del agua. El parque dónde se encontraba hacía minutos que pintaba una desoladora imagen, a juzgar por la cantidad de niños que antes jugaban en él. Aún así y a pesar de la lluvia, Manuela no quería que perder la oportunidad de reencontrar aquel antiguo amor por lo que mantenerse en aquella posición -que no le resultaba cómoda- era lo único que podía hacer.
El agua no daba tregua a la anciana Manuela que estoicamente aguantaba el frío que la noche y la lluvia habían aportado a su ya viejo cuerpo. La luz de la farola que sobre su cabeza permanecía hizo ver su reflejo sobre los charcos que bajo sus arrugados pies se habían formado; tan desolador era su aspecto que se sentía apenada por el gran esfuerzo que había hecho por parecer bonita. La tristeza y la soledad formaron parte de aquella preparada recepción que Manuela había tramado desde hacía mucho tiempo; a pesar de que sus lágrimas se confundían con la lluvia, sus ojos destellaban un brillo único, una luz que sólo desprenden un corazón cuándo está enamorado. Todavía tendría que esperar Manuela mientras, ausente, observaba a los transeúntes recorrer largas distancias a paso acelerado. La lluvia seguía cayendo y cada vez menos gente por la calle. Manuela, se sentía intrigada por la razón que hizo que su enamorado se retrasara; tal era la promesa que le hizo para aquel día que la anciana siempre tuvo presente sus palabras en su cabeza. La noche seguía cerrada y la humedad ya había calado en sus frágiles huesos. Temblorosa y cansada, Manuela luchaba por mantener sus ojos abiertos que sin interrupción todavía seguían clavados en las inundadas y desérticas calles.
Un recuerdo de su niñez atravesó su mente en la fugacidad de un pestañeo. Dos coletas anudadas con grandes lazos de raso blanco, un vestido en color crema y unos zapatos tan relucientes como el mismísimo sol. Con apenas diez años asistió a la boda de un socio de su padre, un señor cuyas manos olían a tabaco de liar y retorcido bigote que causaba más miedo que simpatía en la cara de Manuela que volvió a cerrar los ojos. Regresó a la incomodidad de su banco y la frialdad que antes sentía se tornó en calidez. Observó que había dejado de llover, que las calles lucían secas y sin el más mínimo signo de humedad; todo resplandecía con un fulgor acogedor. Manuela sonrió;ya no tendría que preocuparse por aparentar desaliñada ya que tanto su ropa como su aspecto lucían como cuándo salió de casa.
Aquel mal sueño había acabado, sólo faltaba que el hombre que habría de recogerlas apareciera tal y como ella esperaba. No tardó en comprobar que su más ansiado deseo se convirtió en una realidad cuándo, tras de los árboles del parque, la esbelta silueta de un señor de avanzada edad avanzaba en su dirección. Manuela reconoció a ese hombre como la persona que tanto había estado esperando, no tardó en dibujar en su cara una sonrisa de satisfacción; tantos eran los años que había estado esperando que sentirse feliz era lo único que podía hacer. El caballero llegó hasta su posición mirándola desde la elevada posición que mantenía. Manuela no hizo esperar a aquella sonrisa especial que le estaba dedicando y, con cuidado, se levantó del banco tal y como ella tenía pensado. Manuela susurró avergonzada el nombre de Andrés; éste le respondió recogiendo su cintura entre su brazo y regalandole ese ansiado beso. “Prometí que vendría por ti” y ella asintió con una tímida sonrisa. En sus ojos vidriosos se reflejaban cientos de momentos que jamás pudo ni quiso olvidar y en ninguno de ellos Andrés estaba ausente.
Manuela y Andrés cumplieron su promesa. Ambos asistieron a su cita después de tantos años de ausencia. Manuela por fin podría descansar en paz.
viernes, 24 de julio de 2009
Japi verdei tu yu...
Que me cuentan que Peter Pan cumple años dentro de una semana, bueno como a el le gusta decir, cumple aniversarios. Y dicen que será el décimo primer aniversario de sus dieciocho. Sí, ya no es tan niño como quiere aparentar por mucho que se empeñe en decirlo. Qué el tiempo ya no se para desde que vive en ésta realidad, lejos de Nunca Jamás. Porque felices eran los años en los que como niño ignorante correteaba por las calles, sin esperar nada más de la vida y despreocupándose del futuro.
Que sí, que aún se siente así siempre que tira de sus mejores recuerdos, los cuales recuerda siempre que puede. Peter, amigo mio, que te nos haces mayor a ritmos acelerados y estas viendo la vida pasar como el que espera en la parada del autobús; sentado, mirando al final de la calle por si viene el que esperas. Que no hay nada de malo en seguir esperando pero piensa que tal vez el que esperas pasó hace tiempo, incluso años. Aún así no desesperes, siempre puedes alcanzar tu destino caminando o lo mismo acompañado. De cualquier modo seguro llegarás y alcanzarás lo que siempre has deseado.
Por el momento toca cumplir años... venga, no te hagas el remolón y sopla las velas que todo el mundo te está esperando. Seguro que llegado el día mucha gente se acordará y no será tan malo como siempre dices... mira que te gusta quejarte. Ánimo; aún siendo casi treintañero sigues siendo un “Peter Pan moderno y sin afeitar” tal y como te gusta definirte. Y desprendete de las preocupaciones, sólo sirven para acortarnos más la vida y aquí no hemos venido a desperdiciar el tiempo... ¡Quememos sujetadores en la plaza mayor! Eso sí, lleva cuidado que ya no tienes edad para muchos trotes. Felicidades, amigo Peter.
martes, 30 de junio de 2009
Sabor agridulce...
Era jueves por la noche y Serafín necesitaba tomar algo que le calmara los nervios; es día había sido muy largo en el trabajo y necesitaba ausentarse esa de su rutina habitual. Acostumbrado a ser un pepino responsable en su trabajo, nunca daba margen para su vida llegando a colmar su tiempo libre de más trabajo. Entró en el primer bar que atrajo su atención; un lugar bastante pequeño y apartado, con un letrero iluminado con dos pequeñas bombillas que apenas dejaban leer su nombre; Le Paradis. Era un local intimo, justo lo que necesitaba para desconectar y no ser molestado. Sentó su traje verde en el rincón más alejado que pudo encontrar, llamó al camarero y ordenó una copa de ginebra con hielo, un cóctel sencillo, directo y la llave de su desinterés por la vida -al menos por unas horas-.
Unos acordes de piano dieron comienzo a lo que parecía ser un espectáculo de música jazz; tras el telón, una rosa hizo aparición arrancando lo aplausos de las apenas siete personas que estaban allí. Serafín, sumido en sus pensamientos, fumaba uno de sus cigarrillos mientras con la otra mano recorría el borde de su copa; el humo y su frustración apenas le hicieron percatarse de la presencia de la cantante. La música comenzó a sonar y la voz de la rosa inundó el espacio ahumado del local. Una deliciosa armonía rebotó en la cabeza de Serafín que hizo que levantara su mirada de la mesa para comprobar su procedencia; tan bella era su portadora que un leve brillo en sus ojos apagados destellaron de forma inusual.
Adornada con pétalos rojizos, la rosa cantaba para los allí presentes que parecían estar más concentrados en sus asuntos que en ella; sólo al fondo del local, alguien parecía estar disfrutando de su actuación. Serafín comprobó que Tula, la rosa anunciada en el cartel de esa noche, le miraba; sus ojos volaron directamente por encima de las mesas del local hasta el lugar de Serafín. Tula le dedicó un guiño de ojo, señal de agradecimiento; Serafín, desconociendo que era el único que prestaba atención -la fascinación nubló su visión periférica-, le devolvió una sonrisa.
Durante la actuación, las miradas entre los dos parecían ser caminos de ida y vuelta, lineas invisibles que portaban mensajes silenciosos de complicidad. Tras la actuación no hubo más aplauso en el local que la cara complaciente de Serafín. Tula bajó del escenario decidida a conocer a su verde y anónimo seguidor. Su corazón de clorofila parecía querer salir de su pecho mientras admiraba como las líneas de su esbelto tallo se acercaban más y más. Se sentó a su lado y no dijo nada, sólo envolvió la copa entre sus hojas y dio un sorbo pequeño. Algunas gotas de licor se derramaron por la comisura de sus labios; Serafín agradeció la torpeza, un tanto infantil, de Tula. Inmediatamente Serafín no tuvo más reacción que recoger aquellas gotas con la yema de su dedo pulgar; las pupilas dilatadas y el tiempo se detuvo en el momento que sus pieles entraron en contacto. Ella agachó la mirada.
Sólo un instante después, Tula se levantó de su silla rozando levemente la piel rugosa de su mano -sus pétalos pintaban un tono carmesí brillante-, abandonó aquel rincón y se dirigió al escenario para continuar con su show. Serafín observó como se alejaba de él pero no hizo intención de alcanzarla; de fondo, una voz susurrándole al oído, a su alrededor un perfume envolvente y sobre la mesa, una servilleta pequeña que escondía un mensaje escrito: “La próxima, con un poco de tónica... me gusta más”. Serafín sonrió; no sería la última vez que rozaría aquellas suaves espinas.
jueves, 18 de junio de 2009
Sapos y principes azules...
Te despiertas sobresaltada en mitad de la noche; tal vez has tenido un mal sueño y tu cuerpo ha reaccionado así. Sudorosa e intranquila intentas controlar los incesantes hálitos estrellándose en la oscuridad de la habitación. Tranquila, respira... todo ha sido una pesadilla. Aún notas tus manos temblorosas intentando encender la lamparita pero tus dedos están húmedos y el interruptor se escapa entre ellos; desistes, el corazón palpita sin darte tregua.
Pareces más calmada, intentalo de nuevo; una luz chispeante te ciega rápidamente los ojos que se comprimen con violencia llegando incluso a doler. Poco a poco te acostumbras a la claridad que ahora hay; tus ojos se van abriendo tomando una nueva dimensión. Todo parece en su sitio, nada es diferente. Tomas un vaso de agua y das pequeños sorbos para calmar la sequedad de tu boca; vuelve el silencio. Te apartas los cabellos pegados de la cara y hundes tu rostro entre las manos. Se escucha un sollozo, ¿estas llorando?. Todo lo malo ya ha pasado, no tienes por qué preocuparte; todo ha acabado. Cuéntame que ha ocurrido, dime que ha perturbado tu descanso... ahora lo entiendo.
Apagas la luz, colocas tu cuerpo bajo las sábanas y te acurrucas en su espalda. De nuevo en la oscuridad buscas el consuelo en el hombre que duerme a tu lado. Te aferras a él. Una última lágrima desciende por tus mejillas y se pierde por la comisura de tus labios. Ese sabor salado se mezcla con la amargura que en tu alma habita. Te quedas mirando la tenue luz que se cuela a través de la persiana. No concilias el sueño, en tu circunstancia es normal; difícilmente podrías dormir sabiendo que el hombre de tus sueños no es quién tu cuerpo abraza.
lunes, 8 de junio de 2009
lunes, 25 de mayo de 2009
Toujours Paris nous restera...
Pongo fin a cientos de hojas escritas quemando uno por uno todos los recuerdos; siquiera habrá cenizas adheridas en mis lagrimas -al menos así lo espero-.
Tiempo al tiempo, aunque me estoy haciendo mayor y los relojes no pararán por mi. Ojalá mañana al despertar, un sueño reparador me haya hecho olvidar y me deje comenzar de nuevo... pero aún es de noche.
Pensar me provoca dolor de cabeza... push off.
miércoles, 13 de mayo de 2009
Por la tarde...
Ahí esta, como cada tarde. Raro sería el día que no nos viéramos. Por su maletín diría que sale ahora del trabajo, supongo que se habrá entretenido; hice bien en esperar unos minutos más en la tienda. Veinte metros y la tendré frente a mi, sin apenas espacio entre nosotros para que fluya ni mismísimo aire. Me gusta observarla mientras se acerca; su forma de andar marcando el paso sobre esos tacones de vértigo y el juego envolvente de sus caderas moviéndose al compás de sus pies. Es curioso como esa mujer es capaz de hacerme olvidar de los peores problemas.
Cada vez más cerca y la brisa del este tropieza con su silueta. Es divertido ver como su cabello se arremolina intentando ocultar su belleza, el rostro que tan anclado a éste mundo me tiene y el que cada noche veo antes de dormir. Y curiosa la forma en que se retira el pelo de la cara aprovechando la dirección en la que sopla el viento; gira su cuello adelante, atrás, leve y despacio... una ejecución perfecta que da el resultado esperado.
Diez metros y acercándose, ya casi puedo percibir su perfume. Algo llama su atención y se detiene; mejor, así podré disfrutarla un poco más. Saca su teléfono móvil de la cartera y lo descuelga... ¡vaya!, el maletín ha resbalado de sus dedos y se ha caído estrellándose contra el suelo. No sé de que me sorprendo, la seda de sus manos es palpable desde aquí. Quizá debería ir a ayudarla... no creo que haga falta, parece que lo tiene todo controlado. Mm... mal día para escoger una falda tan estrecha. ¿Debería mirar?. Es tan tentador... Fin de la película, nada que un buen juego de piernas y una posición estudiada consiga arreglar.
Rellamada y... retoma su paso. Sonrie, parece que la llamada es de su agrado. Es sin duda lo mejor que hasta el momento he visto. Adornado con unos sensuales labios pintados de un carmín rosáceo es el mejor complemento para una sonrisa arrebatadora, impactante. Podría deshacerme en elogios solo oyendo su risa.
Apenas un par de metros y me mira. La miro. Cuelga el teléfono y me sonríe. ¿Es a mi? Seguramente ocurrirá como en las películas y detrás mio estará quién ella espera. Pero no, tengo la seguridad de que es a mi a quien busca. Se está acercando y pienso algunas palabras que decirle. El corazón palpita más fuerte. Rosas, no; violetas. Perfume de violetas que su piel desprende impactando contra mi cara. Me gusta.
Se ha parado y se inclina hacia mi. ¿Debería esquivarla? ¡Estas loco, es lo que estabas esperando!. ¿Toda la tarde para que ese momento ocurriera y quieres estropearlo?. Un beso, sí. Noto como sus labios se hunden en los míos. La presión es notable, noto como la sangre me hace cosquillas. Me quema, disfruto y quiero congelar el tiempo. Su aliento, se separa, me vuelve a mirar, vuelve a sonreír... - Cariño, perdón por la tardanza. Me entretuve con las chicas-. No importa, estas aquí.
miércoles, 6 de mayo de 2009
Callando voces...

Si la vida me obliga a despertar, al menos le plantaré cara.
“No es el momento de soñar” (me dice la conciencia), pero me niego a pensar que no hay destino bueno ni esperanza. ¿Por qué debo escuchar las voces que me contradicen? Yo soy dueño de mis actos; a nadie hago responsable. ¿Culpable por sentir, por querer, por amar? No pido nada a nadie. Que me dejen padecer lo que yo mismo he hilvanado.
“¿No ves que estas sufriendo?” (me dice la razón). Sí, lo veo y lo siento. Quizá me esté consumiendo la vida, quizá esté muriendo por nada, quizá no valga la pena, quizá...
“Estas loco” (me dice el sentido común). Loco... Si por querer algo que no es para mi soy un loco, que me aten y me encierren bajo cien llaves; la locura no es locura si no hay un imposible.
“Adelante...” (me dice el corazón). Por fin alguien que me comprende... o quizá no sabe decir que no. "¿Por qué todo está en tu contra?" -me pregunta-. Cosas del destino, ese que siempre anda escondido y nunca da la cara. ¿Cuando firmé yo ésto? Seguro que alguna noche de borrachera. Sólo sé que cualquier sueño prohibido es mejor que una vida hueca.
martes, 28 de abril de 2009
Las siete y veinte
Se despertó sobresaltado con un fuerte dolor que le atravesaba la espalda. Sentado observó que el reloj marcaba las siete y veinte de la mañana; aun no había amaneciendo, tal y como podía ver a través de la ventana que apenas dejaba entrar algo de luz solar. Parecía que el malestar que le había arrancado el sueño remitía poco a poco así que volvió a tumbarse para tratar de recuperar su descanso. Colocó su cuerpo en posición fetal, como siempre hacía, justo en la manera que le permitía verla.
Dormida junto a él estaba la chica que tanto amaba, acurrucada, envuelta entre las sábanas las cuales le permitían adivinar la silueta de su cuerpo. Totalmente quieta, su cara mostraba un rostro sereno -un tanto angelical si cabe-, adornado con media sonrisa a caballo entre lo infantil y lo pícaro; seguramente estaría soñando algo bonito, quizá soñaba con él (o eso quería pensar). Su dedo se desplazó hasta el mechón que caía sobre su cara para retirarlo y colocarlo detrás de su oreja; quería observar la totalidad de su cara antes de que volviera a dormirse. Tal vez ella notó el roce de su piel tocándola pues sus manos se ciñeron a las sábanas y su cabeza se hundió más en la almohada.
Apenas podía mantener los ojos abiertos por el sueño. Seguía observándola, era lo que más le gustaba. Disfrutaba recorriendo cada milímetro de su rostro y memorizando cada lunar con el que tropezaba; sin dudar se sentía un hombre afortunado a pesar de que era un poco terca y en ocasiones testaruda. Aún así, sus múltiples virtudes eclipsaban todo aquello que a él le resultaban graciosas e únicas. Era feliz sabiendo que enamorarse era lo mejor que podía haber hecho en su vida.
La alarma del despertador sonó de manera estridente; eran las siete y veinte, algunos rayos de sol se colaban por la persiana y nada le molestaba más que aquel horrible sonido. Se incorporó medio adormilado y de un manotazo detuvo el incesante ruido del reloj. Se rascó la cabeza, bostezó enérgicamente y miró a su alrededor sin encontrar nada. Volvió la mirada al frente con una extraña sensación. Notaba que le faltaba algo, como si en algún momento de la noche le hubieran arrancado algo del pecho. Nunca se había sentido tan vacío.


