sábado, 24 de octubre de 2009

Entreabierto...

Si doy otra vuelta más de tuerca, el engranaje acabará por saltar en pedazos; este reloj nuca estuvo en la hora correcta, tal vez por eso siempre llego tarde a todas partes. Me molesta su tic-tac en ocasiones -sobre todo cuándo menos lo espero-, aunque lo que peor llevo es cuándo llega a apretar y duele; el mal de aguja minutera, por llamarlo de alguna manera.
Sigue rodando a su antojo, haciendo que la espera sea más larga de lo debida o incluso llegando a engañarme en ocasiones. Debería aprender a no fiarme tanto de él aunque sé que siempre vela por mi puntualidad y sus intenciones no son tan malas -o eso quiero creer yo-. Recuerdo en ocasiones las tardanzas, las prisas, los retrasos... las paradas, esas sí que siempre me han maltrecho. Un reloj parado no sirve para nada si no hay pila que de vida a su motor y haga que sus ruedas giren de nuevo haciendo que su existencia tenga sentido. A veces sólo siento que sigue conmigo simplemente porque sus correas lo mantienen atado a mi, como siempre han hecho.
No espero campanadas resonando en mis oídos continuamente, me conformo con saber que la hora que marca es la correcta siempre y cuándo le aplique el arreglo pertinente; tal vez sea sólo cuestión de girar la rueda las vueltas necesarias para ver todo con claridad. De cualquier modo, el reloj sigue estando en su sitio, andando mal, pero vivo... al menos de momento. ^^

1 comentario:

trescatorce dijo...

Nunca es tarde si la dicha es buena!!! ;)