martes, 26 de abril de 2011

Medidas desesperadas...

Me sedujo desde el primer momento en que lo vi, tanto, que no tardé ni diez minutos en invitarlo a mi casa. No hubo tiempo para remordimientos, tan sólo me dejé llevar y el resto apenas lo recuerdo. Le dejé entrar en mí, que me poseyera, que me hiciera sentir lo que hace años nadie había conseguido. Y así lo hizo; por primera vez en mucho tiempo redescubrí lo que era tener un orgasmo. Pero el ruido de la puerta de entrada me hizo volver a la realidad y era mi esposo el que regresaba del trabajo más temprano de lo habitual. Hecha un manojo de nervios tuve que evitar que la situación me traicionara, algo debía hacer y lo más rápido posible. Por suerte mi marido era bastante escrupuloso y jamás se le ocurriría mirar debajo de mi ropa interior, justo en el segundo cajón de mi mesita de noche.

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