viernes, 18 de febrero de 2011

Éxtasis...

La tuve en la mirada toda la noche intentando no perder ninguno de sus movimientos. Cada pestañeo, cada suspiro, cada palabra que escapaba de su boca era contada y recapitulada en mi mente hasta el punto de pensar que la cabeza explotaría en pedazos. Era como saber estar bebiendo veneno y no querer parar a pesar de sus efectos. Sólo el hecho de mirarla era un nuevo trago del combinado que en mis manos llevaba a pesar de que el hielo se había deshecho hacía rato.

Quizá suponía algo inalcanzable para mí, un hermoso diamante perfectamente pulido capaz de albergar una increíble belleza. Pensar que alguien tan bello podría en un descuido cruzar su mirada con la mía era una osadía que hasta mi propia mente rechazaba. Contentarme con el deleite de su presencia era lo único que podía hacer a pesar del acelerado pulso que en mi pecho se dejaba notar.

Suavemente cogió su copa -la sostuvo con solo tres dedos- y con delicado gesto dejó que el frío cristal acariciara sus perfectos labios. El líquido se derramaba lentamente hacia su boca entreabierta evitando en cualquier momento que una sola gota furtiva escapara de tan deseado destino... y la mente se me nubló. Aún así pude ser capaz de imaginar como sería estar en cada milímetro de su boca convertido en ese afortunado licor. Estar dentro de ella supondría ser una marejada de alcohol helado chocando contra cada elemento de su cálida boca, recorriendo su lengua haciéndola experimentar nuevos sabores, ocupar cada espacio vacío y, finalmente, caer en armoniosa cascada a través de su garganta; sería como un dulce quemazón ardiendo dentro de su cuerpo y estremeciendo cada vello suyo.

Fue divertido pensar que por un segundo podría haber sido capaz de hacerle experimentar sensaciones que tan solo sentiría estando dentro de su cuerpo. Supuso mi victoria esa noche, el triunfo de alguien que nunca  ha ganado nada. Al menos tenía la certeza que ningún otro podría ser capaz de eso.

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