jueves, 29 de julio de 2010

Peter, ¿ya cojeas?

Calculo la edad que tengo contando las arrugas de mi frente, las divido por dos y le sumó el pelo caído. Cierto es que la raíz cuadrada del número que obtengo difiere totalmente del número de gramos de grasa que en los “michelines” guardo, siempre y cuando esa cifra la multiplique por los achaques de espalda que tengo al día y le reste las alegrías que a día de hoy van siendo escasas. Harto de calcular -siempre fui de letras, o eso dicen- saco mi carné de identidad y lo estampó sobre mi cara; “chaval, que cumples treinta años... ¡qué haces que no te emborrachas!”

2 comentarios:

SE dijo...

Y es que no hay nada que fastidie más que llegar a los treinta y que te llamen señor jeje.

Javi dijo...

Uy, yo ya estoy curado de espanto. Me llaman señor desde que abrí la cuenta bancaria.