martes, 3 de febrero de 2009

Erase una vez... un alma humana.


Me permito la extravagancia al mencionar de nuevo las alas. He aquí una particular visión del alma humana... (leyendas, dichos o hechos... quién sabe).

“Antiguamente se decía que los primeros seres de la tierra tenían alas: un par de blancas alas, grandes y emplumadas. Era un don que se les había concedido para que pudieran alternar entre el cielo y la tierra y así pudieran gozar de toda la creación. Eran ángeles. Pero éstos, ciegos por la vanidad, exigieron a Dios que se les otorgara la perfección que se merecían -se consideraban imperfectos al tener que usar alas para alcanzar el cielo.

Dios, horrorizado por la imperfección que había visto en su creación, decidió despojar a los ángeles de todos sus atributos. Éste dividió a cada ángel en dos convirtiendo cada mitad en un hombre y a cada hombre le correspondía una de esas alas, el alma -recuerdo de la divinidad perdida.

Los ángeles, al verse desprotegidos por Dios, apelaron a su extenso amor rogando que se les perdonara todos sus pecados. Desde entonces los ángeles han vivido como mortales en la tierra, aprendiendo de sus errores y pagando con el trabajo.”


Sigo divagando...

“El ángel, al echar de menos su otra mitad, comprende lo mucho que había perdido. No había sido creado para gozar del don de Dios, había sido creado como muestra del amor de Dios por la vida. De ésta manera, cada hombre intenta buscar la otra mitad que le complementa: su alma gemela. Así, una vez reunidas sus alas, poder alzar el vuelo y experimentar la misión que se le había encomendado: amar la vida del otro.”

“De esta y otras historias se deduce también el dicho de que cada persona tiene un ángel de la guarda (o custodio) que vela por él y le sirve de guía. Otras historias dicen que aquel que no es capaz de encontrar su alma gemela nunca experimentará el amor. Podrá amar, pero no será el amor verdadero.”

Yo anhelo mis alas. Hagan sus apuestas...

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